Martes | 23/01/2018


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Los Cuentos de Encarnación | #144


ALIADOS DE CAMINO

Era una mañana como cualquier otra, de hecho ya parecía mejor que las regulares porque al llegar a la parada del BusCaracas no había gente, acababa de irse una unidad y había despejado el andén para que yo pudiera quedar de primera en la cola que se hace para abordar.



Como es costumbre ya, saqué el libro de turno de la cartera y me sumergí entre sus páginas, no sin mantener el rabillo del ojo atento a algún movimiento extraño que ocurriese a mi alrededor. En estos días hay que estar así.

La gente comenzó a llegar y se iba formando detrás de mi. Fue entonces cuando distinguí una chica que caminaba como desconcertada. No quise mirar con atención para no ser grosera, pero se prendieron las alarmas. Noté que dio una vuelta y se detuvo a mi lado. Estaba a punto de indicarle que debía hacer la cola como los demás cuando percaté el bastón alargado que sostenía en su mano. Ella era invidente.

Me reí de mí misma por mi desconfianza o casi impertinencia y de inmediato comencé a pensar en la estrategia para ayudarla cuando llegara el BusCaracas y se alborotara la gente. Vi acercarse la unidad y antes de que pudiera decir nada el señor que estaba detrás de mi en la cola la tomó del brazo: "¡Cuidado, viene saliendo la gente!". Los dejé pasar y él no la soltó hasta que la ubicó en un asiento.

Pronto arrancó el Bus y a medida que íbamos avanzando ella se notó inquieta por tratar de identificar la parada en la que debía quedarse, por lo que preguntó:
- ¿Cuántas estaciones faltan para llegar a La Hoyada?".
El señor le respondió:
- "Faltan 3 todavía. Yo me quedo una parada antes, le aviso cuando me baje para que esté pendiente".
- ¿Allí es donde se agarran los autobuses que van al Pérez Carreño, no?
- Allí en La Hoyada se agarran unos, pero hay otras rutas mejores...

El señor comenzó a explicarle todas las formas de llegar al Hospital Pérez Carreño que conocía, hasta que finalmente le dijo:
- "El autobús que yo voy a tomar pasa por allí, pero da una vuelta. No sé si está apurada".
- No, le agradecería si me ayudara a llegar.

Se bajaron como se montaron: juntos. Antes de que el BusCaracas arrancara los vi caminando del brazo conversando como si no se hubiesen acabado de conocer. No pude más que sonreír ante esa extraña alianza de camino.

Seguro que alguno ha presenciado algo parecido, así que cuéntenme a través de [email protected] o por @LosCuentosdeE.

¡Hasta el próximo cuento!

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