La otra economía en el hogar

LA OTRA ECONOMÍA EN EL HOGAR





Por Maximiano Millán | Educador - @MillanGuevara
“De la existencia del bloqueo (se) reafirma nuestro punto, pues ya que está visto que el mismo no se aliviará en lo inmediato, al país no le queda otra que crecer desde y hacia adentro”
Luis Salas

Si bien es cierto que la mayoría de nuestro pueblo, apenas si tiene para comer y muy poco queda para mantenimiento y otros menesteres del hogar, insistiremos en la idea de que no hemos disminuido el consumo lo suficiente, y que aún desperdiciamos mucho de nuestros ingresos en alimentos que no nutren y en comodidades que se pueden sustituir.



El hábito es fuerte, pero la necesidad de crecer desde nuestra casa es imperativa.

Cuando uno observa con cuidado los comerciales en televisión, podemos ver que existe un patrón de consumo, que el fabricante del producto a vender te sugiere usar: la cantidad de dentrifico a colocarle al cepillo, el tiempo que debes dejar el spray activado frente a tus axilas, la cantidad de líquido aromatizador que debes colocar en el balde de agua de tu coleto y así por el estilo.

Ustedes se han preguntado si ¿esas cantidades son ideales o si por el contrario, responden a una directa forma de convencernos de que esas y no otras son las cantidades necesarias para que el producto se reemplace rápidamente?





Comenzamos a hacernos estas preguntas desde que la crema dental comenzó a escasear. Le preguntamos a nuestra odontóloga de cabecera y ella nos confió que lo que asegura la limpieza dental y por ende el alejamiento de la caries, es el cepillado y no la crema dental. ¿Qué? Entonces la crema ¿hace o no hace falta? Su respuesta fue impactante: necesaria no es, su función es ser una especie de lubricante para que el cepillado no sea tan abrasivo, pero la limpieza dental se puede obtener, con buena calidad e higiene utilizando Bicarbonato de sodio por ejemplo en el agua del cepillo.

Las personas que hemos tenido la oportunidad de viajar al exterior, nos hemos dado cuenta que hay países que no usan desodorante, ni talco. Los chinos por ejemplo, consideran el acto de sudar saludable, puesto que el cuerpo se desintoxica, como le ha costado a Unilever meter sus marcas allá. Esto además biológicamente es cierto. Pero, pensemos un momento, ¿Cuál es el olor natural del ser humano? Es este producto ¿necesario? O es una imposición cultural. En muchos países de Europa y África, no se usa el desodorante y no por ser pobres, precisamente.

Y pudiera agregar algunos recuerdos de cuando en nuestro país no existía el papel sanitario, pero no quiero escribir, ya mas nada sobre la higiene adquirida por nuestra sociedad de consumo.

Pero apartando estos gustos por los “buenos” olores, tenemos muchos aspectos en la vida diaria que analizar para ver si nuestros gastos son óptimos. En este momento por ejemplo una salsa ketchup pequeña, cuesta lo mismo que medio kilo de granos. ¿Cuál de los dos productos es mas importante en nuestra dieta? O por ejemplo, una gaseosa familiar cuesta lo mismo que un kilogramo de costilla de res. Creo que no es necesario explicar que sin la salsa y sin la gaseosa puede una persona alimentarse y que ese gasto es supérfluo y atenta contra nuestro presupuesto.

Esta sociedad de consumo nos ha cambiado los hábitos alimenticios, para vender y vender. No se me olvida la imagen del 2015, cuando ante la escasez de gaseosa en pleno diciembre, una gandola cargada de cajas de ese producto, tuvo que venderlas en plena calle, porque una turba popular casi la saquea para que no la llevara al depósito a donde iba. No hay duda, produce adicción. Igual que la cocaína.






Aprender a hacer pan, con o sin levadura, mezclar la harina de maíz con algún carbohidrato natural, utilizar los granos con cortes que se venden poco, ingerir cada día mas productos naturales, cultivar algo en casa o en el apartamento, que también se puede; en una palabra producir, para entonces ahorrar en algo tanto gasto superfluo que nos descuadra el presupuesto único de la comida.

Preguntemos a nuestros abuelos, como era la vida de ellos cuando jóvenes, total, aún están vivos, alimentarse de manera diferente no les quitó para nada, la extensión de sus vidas. Tenemos mucho que aprender de aquellos hábitos nuestros, que alimentaron a un pueblo luchador y trabajador.

Por eso digo, parafraseando a Churchill: Demasiado importante es la economía de la comida, para dejársela sólo a los que quieren aumentar el consumo supérfluo.

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