Martes | 24/07/2018


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Entrega Especial | N° 37


ME QUEDÉ ¿Y QUÉ?

A corto plazo no se ven cambios políticos, ni económicos a la vista. La oposición está prácticamente acefala y desorientada. A pesar de los esfuerzos de la comunidad internacional, no se concretan hasta ahora, acciones contundentes para sacar al grupo que mantiene el poder "por la fuerza". Entonces, ¿Por qué algunos que podemos irnos no lo hacemos?



Es una respuesta sencilla y compleja a la vez, pero es principalmente por el arraigo al país donde nacimos que nos ha dado y sigue dando tantas cosas buenas, a pesar de la coyuntura.



¿QUÉ HA CAMBIADO?

El país no tiene el empuje y el ambiente festividad que se respiraba en los 70, 80, 90 o 2000. Hay un tercio de los carros y motos que habían hace 5 años, sensación rara y placentera a la vez, ya que llegas en la mitad del tiempo a cualquier sitio. Algunos negocios han cerrado y otros que están abiertos ahora cierran a las 5:00pm, menos los centros comerciales que mantienen sus horarios habituales. La televisión ya no tiene programas de calidad, aunque de igual manera, las redes sociales, youtube y netflix hacen que ya no sean tan necesarios, aunque siempre hará falta RCTV. Las universidades tienen menos alumnos y profesores y pareciera que los jóvenes tienen en la frente un letrero que dice "me graduo y me voy". Los servicios fallan regularmente, un día falla el agua, otro el internet, otro el metro y otro la luz, pero al llegar a tu trabajo, tu equipo siempre está dispuesto a sortear con cualquier problema y triunfar a toda costa. El aprendizaje es infinito, hemos aprendido a surfear todas las aberraciones económicas de un modelo que está en contra de nosotros: control de cambio, escasez de efectivo, hiperinflación y falla de plataformas bancarias. 



¿QUÉ NO HA CAMBIADO?

La comida, el clima y la calidez indestructible de nuestra gente. A pesar de la necesidad que está pasando muchas personas, el parquero, el vigilante, el obrero, la secretaria, el odontólogo, el cajero del banco y el panadero, siempre te tratarán con ese cariño que solo se siente en Venezuela. El amor con que las maestras tratan a nuestros niños en los colegios siguen siendo inmenso, creando una burbuja que los aisla de los problemas del país. El Ávila sigue intacto, vestido a diario con diferentes trajes, el cual nunca, pero nunca deja de sorprender. También puedes escuchar buena radio, las emisoras de siempre con buenos locutores y buena música. La buena gastronomía de Caracas sigue allí, los buenos restaurantes de siempre están operativos, el Maute Grill, Tarzilandia, La Estancia, La Castañuela, el Urrutia y la Cita, entre otros, por supuesto caros para la mayoría, pero un regalo para cualquier extranjero que nos visite. Aunque muchos amigos y familiares se han ido, también quedan muchos acá. Que sepan quién eres y de dónde vienes no tiene precio.



¿QUEDARSE ES LA DECISIÓN CORRECTA?

Si las cosas cambian mañana o en cinco años, si es la correcta, ya que soportamos unos años de crisis para después disfrutar de la reconstrucción del país sin haber abandonado la carrera, la empresa o la familia. Algunos regresarán habiéndose arrepentido de haber salido y vendido sus propiedades a precio de gallina flaca.

Si las cosas no cambian, quizás estemos equivocados los que nos quedamos, ya que se nos puede ir la vida esperando un cambio que nunca llegará. A pesar de ello muchos preferimos vivir en una Venezuela en crisis, que en un país extranjero en prosperidad, ya que son muchas las satisfacciones y compensaciones a pesar de la adversidad. Por supuesto nuestros hijos tomarán su propia decisión, ya que tienen derecho a vivir en un país normal.

A pesar del balance final que nos de la vida, los que nos quedamos nunca nos arrepentiremos de haber dado lo mejor por nuestra tierra y por nuestra gente. Lo que si podremos decir a nuestros hijos con la frente en alto, es que luchamos por el país en su momento más dificil. Por supuesto, respetamos y apreciamos a quienes están en el exterior, y sobre todo aquellos que luchan desde afuera por el país, pero el mérito de los que mantienen activos a organizaciones, instituciones, colegios, universidades, empresas y comercios es invaluable, ya que serán los receptores de los millones que regresarán. 



Nunca caigamos en la estúpida competencia de comparar la vida de los de afuera con la de los de adentro, ambas situaciones son respetables, tienen ventajas y desventajas y son tomadas a conciencia por cada quién. Nunca caigamos en el error de condenar a un venezolano que dentro de Venezuela vaya a una fiesta, a la playa o se de un lujo, ya que también merecemos tener momentos de felicidad al margen de la política o la situación del país. 

Esta coyuntura pasará y vendrá el momento donde no hablemos de los de afuera y los de adentro y nos abracemos unidos para reconstruir el país en libertad. Con seguridad vendrán tiempos de prosperidad. Que Dios bendiga a Venezuela.

Fuente: Roberto Orta Martínez





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