Lunes | 02/07/2018






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ABC Financiero | N° 184


NUEVO PLAN 50

La semana pasada, el gobierno anunció la implementación de un nuevo plan llamado “Plan 50”, cuya ejecución y seguimiento estará a cargo del vicepresidente del área económica, Tarek El Aissami, con la finalidad de fijar los precios de cincuenta (50) productos de la cesta básica (que cerró en el mes de mayo en Bs. 220.138.620,81, es decir, se requieren más de 42 salarios mínimos para poder adquirirla con el nuevo aumento decretado). 



Dentro de los productos que estarán priorizados en dicho plan se encuentran: el café, azúcar, arroz, pasta, frijoles, carne, leche (líquida y en polvo), queso blanco, jamón, mayonesa, maíz (blanco y amarillo), pollo, pescado, harina de trigo, aceite, además de diversos rubros de higiene y aseo personal (como el jabón en panela o en polvo).



PERO ¿SERÍA LA SOLUCIÓN?

En mi opinión, la solución no debería ser congelar los precios de estos productos, bajo la amenaza de prisión y/o expropiaciones para quienes no cumplan con este nuevo plan, que se basa en la Ley Orgánica de Precios Justos, donde se establece una renta máxima de 30%, y es que el gobierno quiere mantener los precios al consumidor fijos por lo menos durante tres o cuatro meses sin revisiones, mientras que los empresarios del sector alimentos señalan que habría que revisar los precios semanalmente. Señores estamos en hiperinflación. Hay que atacar el problema inflacionario, primeramente, evitando la emisión de más dinero inorgánico, disminuyendo el gasto fiscal, menos liquidez.

Volviendo al tema principal, el gobierno se niega a reconocer los costos de reposición y administrativos, así como los problemas graves que existen en la distribución y acceso a la materia prima, maquinarias, insumos conexos y repuestos para producir, ellos señalan que los precios de venta serán definidos tras un análisis básico de las estructuras de costos.

Mientras que el sector productor dicen que para aceptar un acuerdo de regulación de precios de 50 productos básicos, habría que modificar los costos al consumidor cada cinco días, en promedio, para asegurar la cobertura de los costos de reposición de inventarios, sin asegurar rentabilidad alguna a los productores.

Por otro lado, Fedecámaras indicó que se había analizado, como salida transaccional, la propuesta de un sistema administrado de precios que, más que fijar costos estableciera un mecanismo de actualización automática y concertada de los precios finales; pero esta propuesta ya no se considera viable, en virtud del cuadro de hiperinflación que hace impredecible la evolución de los costos.



En una entrevista radial, la presidenta de Consecomercio, María Carolina Uzcátegui, proyectó que la escasez de la cesta básica aumentará de manera dramática con esta reedición del denominado “Plan 50”.

Advirtió que los precios suben en cuestión de horas, y por lo tanto si el gobierno asume la actitud de no entender la realidad, el comercio dejará de vender estos productos esenciales. Sobre las amenazas de Nicolás Maduro de tomar “medidas radicales”, la dirigente señaló que “no nos hacen mella”.

Por su parte, el presidente de Fedeagro, Aquiles Hopkins, en un evento sobre seguridad alimentaria, indicó que el control de precios y las mayores restricciones terminarán por acabar con lo que queda de capacidad productiva en el país.

Lo cierto es que el más afectado en esta falta de acuerdo y planes efectivos somos indiscutiblemente los venezolanos, que no nos alcanza ya para comprar un par de zapatos nuevos con el salario mínimo y el gobierno sigue buscando solucionar las consecuencias sin irse a las causas.  



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La Otra Economía | N° 1


LOS POLLOS DE LUISA

Rechazar esta intervención de los mercados transforma al mercado (y el capital) en ser supremo frente al ser humano y, por tanto, en un fetiche (un Dios falso).
F. Hinkelammert



He decidido aceptar el reto de escribir sobre temas económicos, pero no desde la perspectiva de un economista, que no lo soy, sino desde la de un educador popular que inmerso entre nuestro pueblo pobre observa cómo él mismo hace reingeniería de su manera de sobrevivir y da una respuesta a la situación conflictiva creada por los grupos de poder que luchan en nuestro país por el control de la muy jugosa aún renta petrolera. En mi opinión y parafraseando a Churchill, la economía es una cosa muy seria para dejarla sólo en manos de los economistas.



Ella es tachirense, una HP (Nada que ver con la transnacional, “huevo pelao” muy inteligente, genial en expresión popular) en matemáticas y física, además los fines de semana estudia en la UNELLEZ administración. Apretaba la situación en la casa, mamá sin trabajo apenas comenzaba a montar una pequeña papelería, papá es jubilado y pensionado pero ya sabemos para qué alcanza esto y el hambre ataca todos los días.

Un día Luisa va de compras a la capital de su municipio y observa la venta de pollitos para crianza. Mentalmente saca cuenta y estudiando el entorno de su barrio y las condiciones de su casa, decide comprar una pequeña cantidad de pollitos, sino engordan para la venta, al menos nos los comemos, creo que fueron veinte.



Luisa es la menor de su casa, la diferencia de edad entre su papá y ella es bastante alta. Así que fue todo un show, observar a aquellas dos generaciones ponerse de acuerdo sobre cómo levantar en el patio de su casa un corral de crianza entre matas de coco y materiales de desecho. Muchos de ellos sirvieron para darle forma a aquel proyecto, así que no piensen en grandes inversiones.

Los pollitos fueron alimentados con picadura de maíz, algo de engorde para aves, cuando se conseguía y mucho desperdicio de la cocina, sobre todo esto. Se enfermaron algunos y murieron, si pero con la sabiduría de papá se evitó la debacle. Tres meses después Luisa sacrificó los pollos y los congeló para la venta. No le quedó ninguno, así que luego de nuevas cuentas, aclarar situaciones en el entorno y sacar fuerzas para seguir con sus estudios, Luisita realizó ese mismo año no uno, ni dos sino tres ciclos de crianza de pollos para engorde. Por cierto, el último ciclo lo guardó en su congelador y alimentó a su familia por tres meses. De hecho yo vivo en el Zulia y llegué a comer una presa de esos pollos.



Gracias Luisa, no por la presa de pollo que me tocó de tu trabajo, sino por creer en ti y en tu familia como productores y dueños y señores de su propia alimentación. Por saltarte unas diez leyes, sanitarias fiscales comerciales, que el Estado, cualquier Estado, coloca para evitar que el pueblo produzca al mismo nivel que las grandes empacadoras avícolas de nuestro país. Por poner tu producción de proteínas, al servicio de tus vecinos más próximos y no empaquetarla entre sobornos y vacunas para pasarla a la frontera, donde indudablemente te hubieran pagado diez veces más por tus pollos.

Y gracias sabes por qué, porque nos enseñaste con un ejemplo de vida que la juventud de este país no sólo piensa en emigrar, algo que créanme no lo critico, sino que son capaces de tomar entre sus manos algo tan políticamente sensible como lo es la alimentación de nuestro pueblo pobre.



Hiciste política Luisa, tomaste en serio aquello de en los jóvenes de este país está la esperanza, que cliché tan tonto. Hiciste política con P mayúscula, tomaste en tu mano la política estadal de asegurar a nuestro pueblo una alimentación de calidad y todas esas cosas que los coordinadores de las misiones y grandes misiones dicen por la televisión, pero uno no termina de ver su realización entre los más necesitados.

Además de esto hiciste revolución, también con R mayúscula, la ilegalidad de lo que hiciste fue un NO rotundo a los poderosos que con la izquierda o con la derecha, colocan sus leyes y terminan adueñándose de los medios de producción vendiendo al mejor postor el alimento de nuestro pueblo. Gracias Luisita, una vez más.

Hasta la próxima semana, las críticas y comentarios por favor al correo electrónico: [email protected].





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