Martes | 01/05/2018






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Los Cuentos de Encarnación | N° 154


CON LOS BUENOS DÍAS - Parte 2

"Con los buenos días" fue uno de los primeros cuentos que publiqué en esta columna, hace ya 4 años, y me deja una sonrisa pensar que el cuento sigue con un bonito giro.


Al señor que siempre saludaba "Con los buenos días" cada vez lo veo menos porque mi ruta matutina cambió hace un par de años, pero recientemente me lo encontré, como siempre, con su revista en la mano.



Esta vez se paró de su asiento y me dio un abrazo. "¡Caramba dichosos los ojos!" exclamó cuando me vio, y la conversa se extendió para ponernos al día.

Ya cuando me iba recordé que todavía no sabía su nombre, le comenté y nos reímos porque él tampoco sabía el mío. Con esa última sonrisa nos dimos la manos para presentarnos "Alcides Colón, si no te acuerdas de mi nombre, seguro te acordarás de mi apellido, como Cristóbal Colón".

Razón tiene el Sr. Colón porque nunca me olvidaré (por lo menos) de su apellido.

En verdad jamás pensé lo que me ganaría sólo con decir "Buenos días"... y para los que no lo saben, acá les dejo la parte 1 de este cuento:




CON LOS BUENOS DÍAS

Parece mentira, pero yo me sigo sorprendiendo todo el tiempo del poder de las palabras. Léanse y compartan este cuento:

Hay un señor mayor que se sienta todos los días en un banquito portátil en una acera de una venida de Caracas, para tratar de evangelizar, siempre tiene su revista "Despertar" y algún otro folleto en la mano.

Yo paso frente a él toooodas las mañanas. Al principio, cuando me acercaba, el señor levantaba su revista para cumplir con su labor, y yo, como persona criada en el catolicismo tradicional, lo detenía levantando la mano en señal de "no me interesa" y seguía mi camino. A veces lo veía conversando con otras personas, pero casi siempre estaba allí, solo, esperando que alguien se detuviera para él hablarle de Dios.

Con el tiempo, cuando el señor me veía venir ya ni levantaba su folleto. Entonces fue cuando yo decidí cambiar de actitud y lo comencé a saludar con un "¡buenos días!". Yo creo que él se extrañó, sólo las personas que lo conocían le prestaban atención. Pero amablemente me respondió con un "¡buenos días!" igual que el mío. Fue como si de repente se cayera una barrera construida por las propias religiosidades de cada uno.

El saludo se fue haciendo costumbre... hasta que un día el señor dejó de estar allí. Pasaban los días y nada; yo comencé a sentir como angustia, pensaba "¿y si le pasó algo? ¿y ahora cómo hago para contactarlo?", y las peores cosas pasaban por mi cabeza. Hasta que una mañana volvió a aparecer, no pude evitar detenerme: "¿cómo está? Tenía mucho tiempo sin verlo, me tenía asustada porque pensaba que no lo iba a volver a ver..." él sonreía ante mi reclamo, casi regaño, porque lo cumbre del caso es que seguimos siendo desconocidos (todavía hoy no sé su nombre). Entonces me dí cuenta que había entablado una extraña conexión con él sólo por decir "buenos días" todas las mañanas.

Me contó que estuvo enfermo y no había podido salir porque el frío de la mañana lo ponía peor, hablamos algunos minutos y luego seguí mi camino. Ahora, siempre que puedo me detengo, aunque son pocas las veces, conversamos de todo y de nada. Ahora el "buenos días" se acompaña por alguna pregunta: "¿cómo está?" "¿cómo sigue la salud?". Ahora, sin importar si yo practico una religión y él otra, nos damos la mano... en fin, poco a poco ha ido creciendo una amistad que nació de un simple saludo, de dos palabras.



Ojalá ustedes puedan repetir esta experiencia; espero que si han vivido algo parecido puedan contarme a través de [email protected].

¡Hasta el próximo cuento! 






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Entrega Especial | N° 21


ERRORES QUE COMETEN LOS VENEZOLANOS AL EMIGRAR A EEUU

La desesperación por escapar de la crisis socioeconómica e institucional en Venezuela, sumado a que Estados Unidos continúa siendo la nación más deseada por los venezolanos en fuga, ha conllevado a que miles de estos emigrantes cometan errores en el proceso migratorio, producto de la inexperiencia y el mal asesoramiento.



Estas equivocaciones a menudo conducen al fracaso de sus planes, a vivir bajo la sombra de la ilegalidad e incluso a la deportación, para luego regresar a Venezuela con el dinero perdido y desmoralizados.

A fin de conocer estas fallas, entrevistamos a Adriana Kostencki, abogada de inmigración con un largo historial de servicio público y presidenta de la Asociación Venezolana-Americana de Abogados.



¿Cuáles son los errores más frecuentes de los venezolanos al emigrar a Estados Unidos?

No buscar asesoría legal adecuada y a tiempo

Muchos cometen el grave error de escuchar “consejos legales” de amigos, colegas y familiares, sin consultar con un abogado sobre las posibilidades que tienen.

No podemos vivir de las experiencias ajenas en un asunto tan delicado como la estadía legal, ya sea temporal o permanente, de un grupo familiar. Una consulta temprana con un abogado puede ayudar a un venezolano a conocer las alternativas de visa. Y si no tuviese ninguna, puede evaluar si es preferible ir a otro país con mejores opciones.



Creer que el negocio exitoso que estableció en Venezuela será igual de exitoso en EEUU

Si se desea invertir en Estados Unidos es importante consultar con un experto en planes de negocios. Muchos creen que es suficiente el conocimiento de la industria que traen de su país. Grave error. Al hacerse una evaluación inicial, se estudia el mercado y las necesidades del consumidor. Así se siembran raíces sólidas para un emprendimiento exitoso.

Si en Venezuela vendía 10 productos, comience aquí solamente con uno. Sea el mejor en ese producto y luego incorpore otros. De lo contrario, es más difícil demostrar pericia, sobre todo en un país donde hay tantos competidores de “grandes ligas” que pueden opacar los productos y servicios del pequeño empresario. Pasos cortos, pero seguros.



Esperar que otro venezolano nos dé trabajo apenas llegamos

Somos una comunidad muy joven. Muchos venezolanos han comenzado sus negocios recientemente, o si llevan varios años con su negocio, están en el curso de su propio proceso migratorio para alcanzar el estatus legal permanente.

Los empresarios están obligados a contratar únicamente a personas con permisos de trabajo. En este sentido, no es que el amigo empresario no desee ayudar a otro compatriota, sino que contratar a alguien sin autorización para trabajar o sin visado, puede afectar negativamente sus objetivos migratorios, acarrear multas sustanciosas e incluso penas judiciales.

Fuente: El Nuevo Herald





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