Martes | 06/03/2018










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Los Cuentos de Encarnación | N° 150


TODOS PARA UNO...

Toda mi vida viví en una casa... hasta que me vine a Caracas y me tocó experimentar las hieles y mieles de vivir en edificios de apartamentos.



Me ha pasado he conocido de todo: vecinos escandalosos que reclaman cuando haces un poquito de ruido, vecinos toderos y buena gente (con el del cuento de la semana pasada), vecinos locos (literalmente con males psicológicos), vecinos colaboradores... Me ha tocado cargar agua desde PB hasta mi piso... Me ha tocado salir corriendo cuando tiembla... En fin...




Pero si de algo me he dado cuenta, es que es muy difícil hacer comunidad. En la calle de infancia, los problemas comunes solíamos solucionarlos rápidamente y entre todos pero en los edificios hay como mucha desconfianza, es difícil ponerse de acuerdo y regularmente nunca todos están a bordo en la solución elegida, lo que termina generando malestar en parte y parte.

Sin embargo, la semana pasada me pasó algo curioso. Se detectó una fisura en el pulmón de la bomba de agua. El desastre: no se puede mandar el agua a los apartamentos. Reunión de emergencia.

Como seguro también les pasa a los que comparten esta suerte, a la reunión asistió un 20% de los propietarios e inquilinos, pero por la urgencia de reparar el contenedor tomamos decisiones: había que pagar más tardar al día siguiente la cuota especial y se iba a depositar en la cuenta de un vecino ya que el proveedor del servicio de reparación exigió que la transferencia se hiciera desde un banco en particular y la cuenta del condominio es de otra entidad.

Listo.





Al día siguiente cuando estamos verificando quién falta y quién no por hacer el pago, llega un vecino (que no fue a la reunión) a reclamar por qué no se pagaba en la cuenta del condominio, que no iba a darle plata a un desconocido y pare usted de contar.

Yo inmediatamente pensé, aquí le va a caer el chaparrón de agua al pobre residente que se puso a la orden y a la junta de condominio que estaba haciendo el esfuerzo de resolver rápido para que no pasáramos más de tres días sin agua. Pensé: "Ya se va a parar a todo y vamos a tener que hacer otra reunión, etc., etc., etc..."

Pues no, de repente todos los que estaban allí comenzaron a defender las decisiones tomadas, se corrió la voz y vinieron otros, nos organizamos para tocar las puertas y explicar lo urgente de la situación y exigir el pago pronto... Me sentí como una mosquetera "Todos para uno y uno para todos"...

A Dios gracias (y a todos los vecinos) fueron solamente dos días y medio sin agua. Ojalá esa forma de resolver quede y siga trayendo buenos frutos para el bienestar de esta comunidad... y ojalá otras puedan seguir el ejemplo.




¿Han presenciado un acto de solidaridad así? ¡Cuéntenme a través de [email protected] o por @LosCuentosdeE!

¡Hasta el próximo cuento!



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