La Otra Economía | N° 2


LOS QUESOS DE RAQUEL

“Rechazar esta intervención de los mercados transforma al mercado (y el capital) en ser supremo frente al ser humano y, por tanto, en un fetiche (un Dios falso).”
F. Hinkelammert

Ella es larense, pertenece a esa generación de adultos de los setenta que viviendo en zona rural, en los límites de Lara con Trujillo, pudo estudiar y graduarse con grandes esfuerzos familiares, en una estratégica profesión que con el tiempo la ha llevado a ser parte de la principal empresa petrolera del país.



Hay una característica en ella que quiero resaltar, para leer entre líneas una conclusión del presente artículo, nunca dejó de ser una mujer del campo, se crió entre queseras, potreros y sembradíos y esto, lo ha demostrado con su vida, fue y sigue siendo su fortaleza económica más grande.



Mientras trabaja en la empresa petrolera, visita todas las semanas el pueblo que le vio nacer y pronto hace suyo el sueño de convertirnos en productores del loco de Chávez, con todo mi respeto lo de loco. Introduce un proyecto de crianza de animales, el cual incluye la compra de una pequeña cantidad de hectáreas de tierras, allí mismo donde vive su familia aún, y se lo aprueban.

A la alegría sigue el duro golpe de la realidad, la falta de alimento y medicinas atenta contra la crianza de bovinos. El fulano apoyo gubernamental llega a cuenta gotas o no llega. Y el crédito inicial se convierte en casi la única ayuda que de parte de la revolución ella recibe. Cambia una parte del ganado a ganado lechero y es entonces cuando el milagro ocurre.

“Si del cielo te caen limones aprende a ser limonadas” cantaba Rubén, la venta de la leche se pone igual de difícil que la de bovino para la matanza por casi la misma razón: el transporte, la zona donde Raquel se crió está muy alejada de las buenas carreteras en las que el capital rueda en veinticuatro o treinta y seis ruedas.



Si en vez de transportar leche, la cuajamos y transportamos queso, el volumen a transportar se reduce y mucho. Comenzó con tres a seis baldes de queso de unos cinco kilos cada uno. Los bajaba en su vehículo personal desde el campo hasta su casa, hora y media de camino, pero cerca de un centro urbano en la Costa Oriental del Lago. El queso voló en las primeras de cambio, ¿cuestión de mercado o de precio? Interesante tema para discutir, no tengo espacio.

Los pequeños productores vecinos, técnicamente llamados así, al ver la regularidad con que ella bajaba su pequeña producción le ofrecieron en venta la de ellos y entonces el peso a transportar todas las semanas se multiplicó por diez, obligando a realizar no un viaje semanal sino dos.

Hoy en día hay un vehículo en reconstrucción para asegurar el transporte de los pequeños productores, una cava cuarto de enfriamiento en construcción, una larga lista de clientes, la mayor parte detallistas y una hija del campo venezolano que con tres hijos a cuestas va a celebrar el día del padre al pueblo que la vio nacer entre queseras, potreros y sembradíos.



Gracias Raquel, por creer en ti y en tu familia como productores y dueños y señores de su propia alimentación. Por saltarte también unas quince leyes, sanitarias fiscales comerciales y de transporte de alimentos, que el Estado, cualquier Estado, coloca para evitar que nosotros produzcamos al mismo nivel que las grandes corporaciones del circuito de enfriamiento de nuestro país. Por poner tu producción en mi mesa, al servicio de tus vecinos más próximos y no entregarla totalmente a los grandes mayoristas del queso, otra mafia para estudiar en el estado Zulia, donde indudablemente te hubieran pagado un poco más por tu queso y habrías salido rápido del producto, pero ¿hubieras ganado más? Y gracias por no dejar tus raíces de mujer del campo, trabajadora y madre algo que los econometristas no miden como valor agregado a la producción de alimentos.

Hasta la próxima semana, las críticas y comentarios las pueden enviar al correo electrónico: [email protected]





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