Viernes | 05/12/2014


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Odisea Tecnológica - Nro.15


¡A BAJAR MÚSICA!

En nuestra última columna hablábamos sobre el impacto que tuvo el Mp3 en el mundo digital y en la industria discográfica. Pero este impacto no hubiese tenido la dimensión que tuvo sin la Internet y, además, sin la aparición de una plataforma que cambió para siempre a la industria de la música: Napster.

Napster, que en español significa “siestero”, fue creada por Sean Parker y Shawn Fanning en junio de 1999 y lanzada en línea a finales de ese año. Se trataba de la primera gran red P2P (que significa peer-to-peer, es decir, “entre pares”) que, si bien no era la primera, se diferenciaba porque se especializaba en el intercambio exclusivo de música en formato Mp3. Básicamente cualquier usuario que se registrara podía compartir su biblioteca de música con cualquier otro usuario registrado y, acceder a su vez, a la biblioteca del otro.

La historia de Napster es tan intensa y revolucionaria como corta. Pero sin duda, trascendente. El crecimiento de usuarios de la plataforma fue exponencial y, rápidamente, el intercambio de música alcanzó cotas altísimas. Recuerdo que en esa época yo apenas estaba descubriendo la Internet, y unos meses después me hablan de la existencia de una plataforma a través de la cual puedo descargar la música que yo quiera, la que se me ocurra, sin pagar nada. Mi interés no era buscar la música que sonaba en la radio, sino la música justamente que yo sabía que existía pero no sonaba en las emisoras comerciales. Me uní al furor.

Para mi desilusión, en el año 2000, la banda estadounidense Metallica realizó una demanda contra Napster, al “descubrir” que a través de Napster estaba rodando un demo de su canción “I Disappear” (tema promocional de la película Misión Imposible 3). A Metallica le siguió el rapero Dr. Dre, y luego Madonna, que aunque en un principio quería aliarse con Napster para promocionar su música, “descubrió” también que su sencillo “Music” era intercambiado a través de Napster semanas antes de su lanzamiento oficial. 

Las demandas en un principio sirvieron de publicidad a la empresa, que alcanzó su pico en febrero de 2001, con 26,4 millones de usuarios activos e intercambiando música. La polémica se desató rápidamente: la industria discográfica (y algunos de los artistas explotados por ella) tildaron rápidamente a Napster de ser una red de “piratería” que dañaba a la pobre industria, le generaba pérdidas y promovía “el robo” como la forma de obtener la música.

Offspring, banda de punk estadounidense, fue una de las primeras que se manifestó a favor de Napster. Afirmaban que su plataforma era una herramienta poderosa para promocionar a cualquier artista. De hecho realizaron una serie de productos de mercadeo gratuitos con el logo de Napster, con el eslogan “No dejen morir a Napster”. Paradójicamente, la empresa le prohibió a Offspring el uso sin autorización de su imagen por violar su derecho a la propiedad intelectual. El apoyo masivo y popular que había recibido empezó a decaer rápidamente a raíz de ello, y dejó en pausa a muchas bandas que en un principio apoyaban la iniciativa del intercambio P2P como Smashing Pumkins, Limp Bizkit o Courtney Love, entre otros.

En julio de 2001, luego de infinidad de demandas, un juez ordenó el cierre de Napster, que dejó de existir el 24 de septiembre de ese año. Pagó 26 millones de dólares a las discográficas por daños y otros 10 millones por futuras licencias y, hoy por hoy, terminó siendo absorbida por el sistema y es una más de las plataformas de música paga.

Sin embargo, es innegable que Napster cambió para siempre la historia de la industria discográfica. Muchos artistas lo vieron, lo comprendieron y se sumaron a la nueva tendencia. Un claro ejemplo es la banda inglesa Radiohead: en el año 2000 logró posicionarse en el mercado estadounidense gracias a Napster, donde se difundió su disco “Kid A”. Desde entonces, Radiohead cada vez que lanza un disco lo coloca gratuitamente en su página web. Su filosofía es: óyelo, y si te gusta vas y lo compras. Más importante aún, si te gusta, vas a mi concierto y apoyas mi música.

No nos engañemos, el gigante de la industria discográfica no ha dejado de existir ni de generar cuantiosas ganancias de las cuales los artistas solo ven una ínfima tajada. Pero también es un hecho que el intercambio libre de música (y otros tipos de arte) tampoco ha dejado de existir en la red. Es cierto, un artista debe ganar por su obra, pero de manera justa y oportuna. Igualmente debe ser libre de promocionar su obra libremente y no que quede en manos de una empresa para su usufructo exclusivo. Hasta la próxima Odisea Tecnológica.

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