RDN Destinos - Nro.22


Chichiriviche y sus bondades

Cuando uno se va de viaje tiene que tener claro que es lo quiere. Si la cuestión es de rumba, de paveo o de relajación. Si es la última tengo una buenísima opción en el Destinos de hoy para que descansen, mediten, coman rico y sonrían desde el estómago.

Siempre he creído que el concepto de playa está mal interpretado. Cuando le pregunté a una buena cantidad de gente qué es lo primero que piensan cuando les menciono el mar respondieron igual, estas fueron las palabras más nombradas: bronceado, piña colada, amigos, música, sexo, rumba. Entonces, descubrí que este concepto está siendo mal utilizado por la nueva generación. Claro está, los chamos de ahora tienen más mundos que Mario Bros, por lo que aquella generación que cantó con Heidi y sufrió con Marco quedamos opuestos.

Por eso, en nombre de mi generación de changa y merengue, les regalo un Viaje Bueno a las costas del Estado Falcón, donde además de disfrutar todas esas palabras que sonaron rimbombantes para la nueva era, apreciarán lo bonito que Venezuela tiene para dar, eso sí, sin tanto alboroto.

Entrar a Falcón es un lujo, aunque a las carreteras sería bueno que les echaran una manito. Nos vamos a Chichiriviche. Una zona privilegiada y cuidada, destinada netamente al turismo que merece ser respetada y gozada por todo lo alto. En todas partes hay paraderos de comida, de empanadas con rellenos típicos y de cosas para llevar a la playa. Si quieren comer sabroso, los puestos que están frente a la primera bomba de gasolina dentro del pueblo son perfectos. Precios solidarios y empanadas divinas. Obvio, cazón y camarones deben estar en la lista, porque de lo contrario no aplicaría desayunar allá.

En toda la avenida principal tienen miles de puestos de trajes de baños, juguetes, cholas, comida, cajeros y más. Chichiriviche está abastecido hasta los dientes para que nadie pase malos ratos. Por eso pueden estar tranquilos. Hasta el ambulatorio está abierto las 24 horas por si acaso, no tienen de todo pero hay bastantes farmacias cerca. Los médicos son medio apáticos pero las enfermeras salvan a cualquiera, son las mejores. Yo fui con un bajón de tensión y ellas fueron angelitos guardianes para mí. Eternamente agradecidas con las que estaban de guardia esa noche.

Como les dije antes, el tema es el relax y para eso les tengo la posada perfecta. Mi amigo Maurizio (soy una confianzuda de primera) montó la divina Posada Aloe. Un lugar tranquilo y favorecido por la vida para que la gente apague el teléfono y se dedique a sí mismo sin tanto adorno. Maurizio, su esposa, su hermano André (que está recién llegado y está enamorado del clima y la gente de Chichiriviche) son el staff perfecto para mantener este paraíso pulcro. Su hija Keyla es tremenda anfitriona. Te advierte de la hora de llegada de los zancudos, te recomienda tener la puerta cerrada de tu habitación, te cuenta sus historias en la piscina y te dice lo rico que cocina su papá. Porque Maurizio, el dueño, es chef. No cualquier chef. Es un duro de la cocina. Es como un mago. Tuve la gloria de cenar dos noches seguidas con ellos y sólo una frase cerrada define sus comidas: ¡magníficos! 

A cada plato artístico que prepara, él le pone magia y queda estupendo. Yo jamás había comido berenjena, pues vino Maurizio le puso magia y me la comí completica. Espero mi mamá jamás lea esto porque eso fue la guerra de toda mi infancia. De verdad es un genio.

Las habitaciones en Posada Aloe son súper cómodas, grandes y están bien equipadas. El agua de la ducha sale por una guarura, los baños son espaciosos y hasta los diseños de las paredes te mantienen en calma. Todo limpiecito, todo natural, todo bello. La piscina es sabrosa y no se puede entrar con protector o bronceador solar. Por eso instalaron una ducha bendita al aire libre para que se limpien bien antes de darse un chapuzón. Para los más pequeños hay una piscina también, tipo jacuzzi. Posada Aloe es un lugar tranquilo, con un bohío al final de las habitaciones que fue ideal para terminar de leer “Fuera de Foco” de mi admirada y ahora ángel de muchos Eva Ekvall. Les pegará brisa, se sentirán cómodos y por arte de magia, se olvidarán del celular.

Posada Aloe tiene página web www.posadaaloe.com y  cuenta en Facebook, siempre actualizan las promociones, así que a buscarlos y visitarlos con los ojos cerrados. Por cierto, no aceptan grupos grandes, de jóvenes muy jóvenes, recuerden que ellos garantizan tranquilidad. Claro, familias pequeñas, parejas, solitarios, grupos de gente en la onda de la serenidad y la buena vibra son bienvenidos. Por favor, no olviden cenar las delicias que Maurizio prepara en su cocina. Verán el cielo.

A la hora de visitar uno de los cayos de la zona deben tener claro para donde quieren ir. De tener dudas vayan directo al Embarcadero La Enramada Bolivariana y ahí los señores de la taquilla les explican rapidito para que es ideal cada cayo. También es importante que sepan que cada lancha tiene una capacidad máxima de 8 personas por lo que si no son muchos y quieren que el viaje salga económico, cuadren con otras personas en el embarcadero para pagarla entre todos. Sea cual sea el cayo elegido no olviden llevar su respectiva bolsa para que se traigan toda la basura que generen. Si les tienen miedo a las lanchas pero igual quieren ir a la playa, Cayo Sal está cerquita. No pasan ni diez minutos y ya se están instalando en su silla. Ellos tienen todos los servicios, comida, dulces, bebidas, artesanía y más, hay punto de venta hasta para pagar el toldo y las sillas. Aunque no todo es color de rosa, los baños son el caos, no por el gentío sino por la cantidad de olores y mugre. El piso está lleno de orine, no. La cosa es aterradora. Deberían mejorar esto, porque en el baño de damas meten por lo general a los niños descalzos y yo casi pude morir de angustia.

No se vayan sin probar uno de los envases de delicias marinas que los vendedores les van a ofrecer. Compren al que les dé más confianza. Todos son buenos. Perfectos. Divinos. 

Viajeros, Chichiriviche les tiene reservada sus mejores arenas y su agua clarita y en paz. Respeten los espacios, conserven la naturaleza y respiren profundo para recargar las pilas.

Recuerden dejar cada orilla mejor de cómo la consiguieron, todos lo vamos a agradecer.

Viaje bueno.

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